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El despertar está ocurriendo ahora, ahora mismo, escribiendo esto, y en ti que lo estás leyendo. El despertar es simplemente y llanamente un reconocimiento de mi misma. Nada más, ni nada menos. No esperes cantos de violas ni trompetas, ni ángeles descendiendo, ni fuegos artificiales. Es muy sencillo, tanto que te asombrarás.

Y sabes, lo sabes que es inevitable, solamente estás recordando como lo hiciste, solamente estamos recordando.

Somos viajeros, viajeros intergalácticos, también viajeros atravesando las marañas de la condición humana, viajando a través de la matriz de emociones, miles de formas fragmentadas y infinitas. Y eso es el despertar, aceptar la emoción, el sentimiento que estés teniendo en estos momentos, y no tratar de cambiarlo. Aceptarte, aceptar tal y como te sientes ahora. Eso es lo que eres, tal cual, sin aditivos, ni estimulantes. Eso es lo que eres.

¿Puedes aceptarte tal cual te sientes ahora?

Sin etiquetas descriptivas que solo te atan a un pasado que no existe. Y te das cuenta que todo a tu alrededor está despertando, ¿de qué otra manera sino podía ocurrir? Te haces más consciente de los espacios, de la vida que te envuelve, de las distancias de los silencios, y sientes en tu interior todo el universo extendiéndose en todo su amor. Y sabes finalmente que eres y siempre has sido amor siendo consciente del amor, que es lo único que existe.

Eso es todo mi compañero de viaje.

Hace unos días estuve en la costa del pacífico, en el estado mexicano de Michoacán. Un paisaje natural espectacular, mar azulado, la inmensidad del océano, palmeras recorriendo impasibles toda la costa, la belleza en estado puro, y me sentí completamente sola.

El escenario que siempre había amado tanto, que siempre me había traído recuerdos felices de infancia y adolescencia, todo al lado del mar. De repente había perdido todo su atractivo. La belleza física ya no tenía sentido para mí. Ya no puedes ni estar un segundo más aquí,por muy lindo que sea el envoltorio, es sólo el envoltorio y no significa nada. Por primera vez tuve la experiencia directa que me atravesó todos los poros de mi existencia que nada de lo que veía era real, estaba soñando, un sueño bien bonito, pero al fin y al cabo un sueño, y que la única solución era despertar.

Me senté en la orilla de la playa, sombrero de paja, piel bronceada, y lloré, finalmente se derrumbó toda la idea de la contención del sueño, y me rendí. ¡Qué alivio! Y al mismo tiempo que liberación. Podía disfrutar completamente sin estar enganchada a ningún resultado ni esperar nada que este mundo me pudiera ofrecer. La experiencia de sentir en lo más profundo de tu ser que este mundo no te puede dar nada, es mi propia fabricación y no existe, ha de ser una experiencia, sino no deja de ser un puñado de ideas bien bonitas y nada más. Pedí por esta experiencia, así que gracias. Recuerdo una hermana de Wisconsin me escribió un email y me decía que el asunto del despertar es algo solitario, pero que al mismo tiempo no estás solo. Y solamente tengo que recordar que no estoy haciendo nada aquí, solamente recordando quién soy realmente, y retornando a mi conciencia la memoria de mi fuente creadora, que nunca me ha abandonado. Esa idea, la idea de Dios es la única que me da absoluta felicidad y alegría, nada más. Y esta está siendo mi experiencia al tener la oportunidad de confrontar mi mente con paisajes paradisíacos. Y sabes qué, no es eterno, no es ilimitado. Así que ya no me quiero conformar con menos, quiero la totalidad de la experiencia de mi ser. Eso es lo que soy. Y sólo va a depender de mi decisión, de mi deseo de Dios por encima de todas las cosas.

No dejes que tus pensamientos se detengan en el mundo y tu mente se volverá receptiva a la creación de Dios.

Así que gracias por la lección 1 del Curso de Milagros:

Nada de lo que veo en esta playa significa nada